martes, 29 de mayo de 2012
Casi Tan Real
jueves, 15 de marzo de 2012
Idus Martiae
miércoles, 15 de febrero de 2012
Encuentros
Durante ese solemne ritual, caminar sobre los mosaicos amarillos, colores de una época de un San José olvidado (o quizás negado y reconstruido) inevitablemente se torna en el recorrido de un asimilar místico. Cuando a las 6pm todo aquello vuelve a su estado taciturno, quien empuja la puerta para encerrar aquí adentro ese misterio no imagina lo que al día siguiente hará la luz del día por aquellos “objetos”. Una vez más, las horas matutinas traerán vida al material que muchos verían como el capricho de una expresión meramente poética. Son ignorantes quienes, al pensar así, desechan la posibilidad del aprendizaje por medio de una conexión artística con un TODO más grande que el artista, el visitante, o el individuo mismo. Al ver y comentar, el contacto humano le confiere a dicha colección una energía activa, fuente de una humanidad mucho más poderosa que lo que se plasmó en el lienzo. Más allá del material escogido, o el medio deseado por quien en el arte busca su expresión, este pequeño museo guarda encuentros, conversaciones en potencia y un entendimiento que se mueve en un mundo superior a las palabras. Es un idioma que se entiende pero no se habla; miles de páginas se han escrito en un intento de aclarar aquello que el cuerpo capta sin necesidad de la explicación concreta.
La teoría siempre ha capturado el interés de quienes vivimos en ese mundo de representación y entendimiento supra-cognitivo, deseosos de abrir “ojos” ajenos a lo que el arte “explica” y, consiguientemente, limitados a permanecer meramente en lo visual. Los libros, los ensayos, las conferencias, las conversaciones, inclusive las apasionadas tardes de café o noches de vinos invertidas en buscar esclarecer nuestro pensar, son meramente secuelas de esa frustración humana que busca siempre alcanzar la tan usurpada “Verdad”. Es entonces cuando, sintiendo la energía que late de las piezas presentes en este espacio museal, se dilucida una realización difícil de acoger, pues viene meramente como un sentir del cuerpo, no una total aprehensión del saber intelectual. Aún entre estas letras y reflexiones, no se puede ni se podrá jamás terminar de explicar lo que con esa oración trato de exteriorizar.
Lo más cercano a una aclaración quizás se presenta (en complicidad con mi presente escrito) transmutado en una (sorpresa!) obra de arte. En una esquina de esa casa estilo Art Deco de 1934, sobre una plataforma blanca reposa un caracol hermoso, similar a aquellos con los cuales de niño uno “escuchaba el mar.” Pero este caracol en particular ha sido intervenido con una yuxtaposición. Irradiando hisopos (sí hisopos, de esos que las mamás le clavaban a uno en los oídos en busca de una limpieza profunda) la salida por la cual el mar nos cantaría sus andares se ve bloqueada por estos pequeños utensilios higiénicos. El paralelismo entre ambos objetos se fortalece al encontrar en ellos una cierta ironía, alcanzada por medio de su colaboración mutua, una que jamás hubiera sido posible de no ser por las puertas que se abren gracias a la plataforma artística. La obra, titulada Tímpanos (2008) del artista hondureño Adán Vallecillo, posa una contradicción: es tan clara y a la vez tan ambigua que se me hace complicado hablar de ella. La entiendo, porque se me presenta viva y comunicativa, pero si quisiera explicarla (y hasta cierto punto matar su misterio) me vería en una maraña de conceptos innecesarios, una jerga teórica y académica que francamente, muy a pesar de mi educación y contexto, no me interesa referenciar en lo más mínimo.
Adán Vallecillo, Tímpanos, 2008. Cortesía TEOR/éTica
Cada mañana cuando me le acerco, la interiorizo y me pertenece. Es quizás mi pieza favorita en toda la colección; en general la obra de Vallecillo me parece de las producciones más finas y atinadas de la región centroamericana y el arte contemporáneo en general. Pero lo que me atrae de Tímpanos es que me ha prestado su secreto, me ha susurrado el movimiento marino que se guardó en ella y fenomenológicamente se me ha transferido. Riéndome de los tecnicismos académicos, comienzo el día de trabajo en el museo sabiendo que la historia y la teoría no me pudieron jamás haber enseñado lo que ese encuentro diario me regala.
Diciembre, 2011
sábado, 8 de octubre de 2011
De DesnuDOS, Desnudez y DesnuDARSE

A raíz de eventos recientes, personales y ajenos, se me hace obligatorio un comentario al desnudo.
Nunca deja de llamar la atención la atención que atrae el cuerpo, especialmente si este se conjuga en femenino. Material físico, viscoso, presente, voluptuoso; sus componentes son parte de un ente paralelo que compartimos, una demostración táctil de humanidad, empleando dicha palabra como adjetivo, no como sustantivo, pues es un atributo de nuestra existencia.
Y aún se insiste en censurarlo...
En mis andares visualizo el desnudo de manera cotidiana, en las Venus griegas, en cuadros de Boticelli, en las pristinas Madonnas Lactans, en las Olympias confrontadoras, las Carolee Schneeman, Marina Abramovic, Priscilla Monge o Regina Galindo de nuestra época. Ya en el arte un cuerpo no escandaliza, se mueve entre la necesidad expresiva y el cliché sensacionalista. ¿Será ese reflejo en cuerpos ajenos (muchos cuerpos, muchos distintos) lo que me acomodó la comodidad de ser asimilada primero como carne y piel para quien se aproxime antes de ser mente y razón? Pues un desnudo, el mío o el ajeno, no se convierte en secreto ni misterio, simplemente ES... Es esa desnudez.
Seamos “creativos” (sarcasmo implícito) y agreguémosle entonces una capa de sexualidad al material. Pues si bien un cuerpo no es escándalo, DOS juntos ya es lujuria... ni qué decir de tres. Y entonces, a una imagen el erotismo se le multiplica, o inclusive se le adiciona sin importar cual fuera su intención comunicativa inicial, cuando Otro la hace propia. Entonces (quizás) el cuerpo de quien se comparte por razón del arte se ve mutilado, condenado a convertirse en posesión sexual de una mirada inmadura, entrenada bajo la tutela conservadora de la ignorancia. Se borran las distinciones que crea el contexto y termina archivada dicha imagen, cualquiera que sea, en el mismo registro de la pornografía o la obscenidad. Por consecuente la desnudez se convierte en barbaridad, aún cuando desnuDOS hemos estado o estaremos todos.
Lo que se obvia es el hecho de que el deseo es independiente de la intención. Dar el cuerpo es sincerarse, no entregarse, ya sea al descubierto o en mantas, pues pertenece a quien lo tenga no a quien lo quiera; lo comparte quien lo cargue no quien lo reciba momentáneamente. DesnuDARSE es difuminarse, diluir mi componente material con el de mis colegas para darles a entender que debajo de todo material que nos cubre existe uno que es propio y es ajeno simultáneamente, pues es algo que se comparte. Es articular en un gesto físico las palabras “este cuerpo es mío y escojo utilizarlo por motivos que sobrepasan el pudor.”
martes, 29 de marzo de 2011
Configurando Nuevas Acciones: El Arte como Ente Educativo

miércoles, 2 de marzo de 2011
Resonancia
miércoles, 16 de febrero de 2011
Preámbulo a un Cortejo: On How to Unsuccesfully Avoid a Temptress
Rarely do I express my english thoughts for my Español vocabulary flows in a more natural way, allowing the stream of consciousness to dispense of such trivialities as translation. Yet the language I speak now is but a testimony to the multicultural presence within. So it is that my worldly experience cannot do justice to what the body carries, to what the tongue might profess. After the experience of a stimulus nothing more is left but the desire to somehow shape into words the testimony of the world’s presence in me.
I have been to Madrid, Barcelona, Roma... spend my hours in London's Harrods and strolled down Firenze, Venezia and Paris. I was rocked in the Amsterdam canals and walked Frankfurt as if seen from a distant window to the past, one tainted by the modern aesthetic. I was fortunate to see a different Habana from what is sold in the media, and proved its presence in Miami. I was charmed by the southern warmth in Atlanta and am thankful of being able to have called Savannah home. I learned to appreciate Panamá city with all its contradictions and rivalries. Furthermore, I adore my San José as undoubtedly not many Costaricans do, unwilling to give in to the third world claims its streets attest to and instead appreciating the cultural richness found in them.
Yet somehow She, the restless city, always creeps in, finding shelter within my body just as it itself inhabits her, the tempting mistress and her lures. It must have been an affair that began in the first decade of my life and has consumed and driven me ever since, my strength unable to fight her charm even with the knowledge that such relationship can only be doomed. Longing for a more original land to call home, one not coveted by so many before me, the conflict grows as I walk her streets, from Madison to Broadway, Columbus to 5th, feeling entitled to call them my own I do not even heed the distances. The sound of my firm steps confirms my presence, owning the concrete as much as it owns me.
I cannot, however, help feel betrayed. Forced to share her with many other suitors, past present and future, I am reluctant and completely unwilling to call her mine. The courtesan in our palace, this love/hate relationship is bound to eventually break us all, reason why I am wary of giving in to such temptation.
Sensorially overloaded and sensibly shocked to awareness, my mental state recognizes the raw material her sounds and sights provide. It is not this physical embodiment that entices me nonetheless. It is its challenges and oddities, as if a secret kept for years is waiting to test my capacities. Thus, by subduing her I am essentially overcoming my weakness, my ignorance. So it is that I come to her ever so often on a pilgrimage to visit the bride to be.
The teaser that is New York, that innocent troublemaker, keeps me away, unsuccessfully I will add, for as much as I have tried to leave this love behind fourteen years in waiting cannot simply be ignored. It is the eternal duel between reason and emotion that fuels this affair. My mind resists, due to it's pragmatic nature and sensibility; but my entire self, nevertheless, still longs for what I might discover along its streets, for what I have already tasted but would like to have more of.
And so it is that leaving her is always painful, and the hopes of seeing her again feel like an obscure pessimism relying on what she may hold in the future. One never knows with a naughty girl... she has you wrapped around her fingers, but there's only so much love can take.

