martes, 29 de mayo de 2012

Casi Tan Real




Solía considerar que Grace era música ajena, de esa que uno hereda como la obsesión musical de algún ex-novio que se coló entre las feromonas y termina uno adoptando cual hija natural “de otro”. Honestamente, hace unos años tuve un reencuentro con sus líricas en uno de mis peores momentos y descubrí que esas melodías, su impecable voz y sus letras eran más propias que prestadas. Jeff era mío, y celosamente lo guardaba. Mucho más allá que el Lover You Should've Come Over que una vez me dedicaron, realicé que esa música constituyó mi paso a la madurez, tanto en lo referente a la dolorosa “conversión” a adulto, como a la de desarrollar el oído a música con una agudeza más fina. Siempre celebré los 17 de noviembre silenciosamente, casi con alegría, no nostalgia. Pero este 29 de mayo me he visto forzada a reflexionar su legado en mi persona gracias a la bulla del "soshalmidia".

Entonces, esto es lo que me dejó Jeff... o a lo que me llevó más bien.

Una apreciación por los discos crudos
Detestaba las grabaciones en vivo. Me parecían sin terminar y toscas. Pero, como solo existe una grabación de estudio debidamente completada por parte de este maestro, me fui metiendo en lo que habían sido sus presentaciones “live”: Live at Sin-e, Live at the Knitting Factory, Live a L’Olympia, y bueno, las promesas que pudieron ser y no fueron (y aún así contienen joyas que superan, en mi opinión, a grandes canciones que si tuvieron su debida conclusión) Sketches for My Sweetheart the Drunk y Mystery White Boy. Jeff me llegó a caer bien; como un amigo que no había visto en mucho tiempo, lo podía convocar por medio de los comentarios que una vez hizo en alguno de sus shows en vivo. Y así, nos conocimos.

El Jazz, El Blues
Sí, critiqué en su momento esta música que ahora me llena el alma por considerarla lenta y monótona, tranquila y dolorosa. Pero se podría decir que Lilac Wine fue mi perfecta introducción a ese mundo oscuro. Jeff me trajo a Nina Simone, diva inigualable con su voz de trueno y vibratto poderoso. Jeff me dio su introducción personal a Miles Davis. El resto es historia, cargo siempre conmigo un playlist que titulé “A Jazz n' Blues Love Affair”.

Un llamado
En el 2003 me regalaron unas clases de canto. Había sido pianista ya por varios años y me pareció una lógica progresión. A decir verdad, el camino fue más tortuoso de lo que esperaba y no encontré mi voz si no hasta varios años después, cuando la fineza del Calling You y el Opened Once de Jeff (en otras de sus grabaciones crudas) me ayudaron a comprender la ligereza que se requiere para esas notas agudas. Nunca he podido hacer un cover de ninguna de las dos piezas porque mi destreza con la guitarra es sumamente limitada, pero le debo ese homenaje... ojalá en algún bar clandestino, oscuro e íntimo, así como me imagino yo aquellos antros en New York donde tocaba el maestro.

Leonard Cohen, The Smiths, Joni Mitchell, Nusrat Fateh Ali Khan inclusive Soundgarden y el lamentablemente hoy día devaluado Chris Cornell. Creo que esto no necesita explicación, las leyendas que Jeff me presentó son hitos personales y referentes constantes.

Re-leyendo mis letras, miro hacia atrás consciente del presente, el suyo y el mío.  Me pregunto que haría el genio hoy. Mas no me permito divagar. Alguien una vez me dijo “the brightest flames burn the quickest” y me ha ayudado a no cuestionar por qué estos hombres de mi vida se me fueron antes del tiempo. El recuento comenzó como una arqueología de mi propia evolución musical, la cual tuvo a Jeff Buckley como catalizador principal. Y al ver el inventario me doy cuenta que lo que nos deja la experiencia de la música es un hilo que ata esos momentos, una cronología que bien podría contar el relato de una vida por medio de esas enseñanzas subconscientes.

La despedida viene, entonces, con el mayor legado que recibí de su parte:

"The only way to really make it - anywhere - is to put every bit of your being into the thing that only you can provide. The only angle is the art that you choose, that only you can provide. And to do that, you have to be quiet for a long time and find out what you bring forth. You have to know what's in yourself - all of your eccentricities, all your banalities, the full flavor of your woe and your joy. What does it look like? What makes it different from everybody else's? It's totally subjective. You're just given the task of bringing it up." 

Jeff Buckley

jueves, 15 de marzo de 2012

Idus Martiae



La crisis del cuarto de siglo pareciera afectarnos silenciosamente de manera casi melancólica a quienes vivimos repitiendo el pasado pero con una fuerte mirada hacia el futuro... característica inequívoca de esta, mi generación. Inevitablemente la época de hacerse el tonto, la época del “valeverguismo”, la época de irresponsabilidades inconscientes o simplemente ingenuidad total termina con una transición mucho más amena y vivible que la de la adolescencia que se creyó dejar atrás por ahí de los 18 años. ¿Será que finalmente terminamos de adolecer a los 25? ... me cuesta creerlo.

Nací en los Idus de Marzo, día infame por haber sido marcado con el asesinato del emperador más famoso del mundo occidental, Julio César, día también dedicado a Marte, dios de la guerra. Inevitablemente la referencia histórica en relación a mi fecha de cumpleaños se convirtió en estampa obligada para quien conocía dicha historia y de paso deseaba saludarme en “mi día”. Soy capaz de decir que inclusive en el colegio me ganó unos cuantos puntos con mi profesor de historia (true story).

Al decir que es el día de (supuestamente) más mala suerte en todo el año, honestamente me complace saber que esa “suerte” me ha eludido, muy a pesar de lo que la vida ha puesto en mis andares. Entre muertes, divorcios, enfermedades y demás el daño lo veo únicamente como colateral. Eventos que en otro caso quizás se vieran como clímax de vida han sido trascendentales solo en los hechos que derivaron de ellos, en lo que desataron. Y esto lo digo pensando en positivo, pues como pocas personas he sido afortunada de una manera que ni siquiera los Idus de Marzo podrían opacar. Este día la vida me ha regalado la dicha de ser, no meramente de existir, sino de vivir...una vida extraordinaria.

Si bien el camino es solitario, nunca me han faltado abrazos, ni risas, ni consuelos, mucho menos baile y compañía adecuada, conversaciones profundas y otras estupideces sin propósito definido, meramente divertidas y necesarias. Y por esto, tengo mucha gente a quien agradecer. Sus nombres serán referentes silentes en el libro de mi historia, nombres que sabrán quienes son sin la necesidad de yo escribirlos en letras.

Me aproximo entonces a un amanecer de mi vida en el cual inevitablemente se hace una asesoría de lo alcanzado y lo deseado. Ciertamente a los 15 juré que mis 25 no serían lo que son hoy día, pensé que alcanzaría otras metas que aún no se cumplen, no obstante no me imaginé vivir lo que he vivido y lo que seguiré viviendo, y no puedo evitar sentir que mis deseos de adolescencia se ven ahora triviales y pequeños comparados con lo que los 25 me piden. Pareciera que la vida no se vive por lo que se quiere alcanzar, si no por lo que se logra sin necesariamente habérselo propuesto.

Satisfecha con el inventario de mis historias digo que esta “crisis” es más una esperanza abrumadora por todo lo que me toca todavía alcanzar (sin necesariamente yo proponérmelo) agregada a todos mis deseos conscientes y metas intencionadas. Entonces les digo, conformémonos con ese balance... y tomemos las cosas como vienen, con brazos abiertos.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Encuentros

En las mañana la rutina en el museo es igual: candados, botones, puertas y una pantalla que se enciende dejando ver las instrucciones del trabajo diario. Las 9am pareciera una hora ya muy tarde en un San José que se encuentra despierto desde la madrugada. Pero esta es una esquina en el barrio Amón que impone su propio camino y articula un lenguaje silencioso, dejando entrever los quehaceres del diario existir entre Capelanes, Herreros y Araujos, un escondite incongruente con una ciudad criticada por gris e indecorosa, por ser capital sin historia. Es aquí donde reposan aquellos seres silenciosos, quienes en un lienzo, pintura o fotografía, duermen el sueño de los olvidados. Entonces, ahí mismo, unas horas más tarde, lo que una vez fue objeto cobra vida. Conectando, dando luz, encendiendo y haciendo bulla, aquel video, aquella obra, aquella instalación de repente adquiere la vida de los observados, del interlocutor omnisciente del arte. Enciendo y activo dichas piezas con la esperanza secreta de que el llamado del arte sea escuchado por los transeúntes con una mayor fuerza.

Durante ese solemne ritual, caminar sobre los mosaicos amarillos, colores de una época de un San José olvidado (o quizás negado y reconstruido) inevitablemente se torna en el recorrido de un asimilar místico. Cuando a las 6pm todo aquello vuelve a su estado taciturno, quien empuja la puerta para encerrar aquí adentro ese misterio no imagina lo que al día siguiente hará la luz del día por aquellos “objetos”. Una vez más, las horas matutinas traerán vida al material que muchos verían como el capricho de una expresión meramente poética. Son ignorantes quienes, al pensar así, desechan la posibilidad del aprendizaje por medio de una conexión artística con un TODO más grande que el artista, el visitante, o el individuo mismo. Al ver y comentar, el contacto humano le confiere a dicha colección una energía activa, fuente de una humanidad mucho más poderosa que lo que se plasmó en el lienzo. Más allá del material escogido, o el medio deseado por quien en el arte busca su expresión, este pequeño museo guarda encuentros, conversaciones en potencia y un entendimiento que se mueve en un mundo superior a las palabras. Es un idioma que se entiende pero no se habla; miles de páginas se han escrito en un intento de aclarar aquello que el cuerpo capta sin necesidad de la explicación concreta.

La teoría siempre ha capturado el interés de quienes vivimos en ese mundo de representación y entendimiento supra-cognitivo, deseosos de abrir “ojos” ajenos a lo que el arte “explica” y, consiguientemente, limitados a permanecer meramente en lo visual. Los libros, los ensayos, las conferencias, las conversaciones, inclusive las apasionadas tardes de café o noches de vinos invertidas en buscar esclarecer nuestro pensar, son meramente secuelas de esa frustración humana que busca siempre alcanzar la tan usurpada “Verdad”. Es entonces cuando, sintiendo la energía que late de las piezas presentes en este espacio museal, se dilucida una realización difícil de acoger, pues viene meramente como un sentir del cuerpo, no una total aprehensión del saber intelectual. Aún entre estas letras y reflexiones, no se puede ni se podrá jamás terminar de explicar lo que con esa oración trato de exteriorizar.

Lo más cercano a una aclaración quizás se presenta (en complicidad con mi presente escrito) transmutado en una (sorpresa!) obra de arte. En una esquina de esa casa estilo Art Deco de 1934, sobre una plataforma blanca reposa un caracol hermoso, similar a aquellos con los cuales de niño uno “escuchaba el mar.” Pero este caracol en particular ha sido intervenido con una yuxtaposición. Irradiando hisopos (sí hisopos, de esos que las mamás le clavaban a uno en los oídos en busca de una limpieza profunda) la salida por la cual el mar nos cantaría sus andares se ve bloqueada por estos pequeños utensilios higiénicos. El paralelismo entre ambos objetos se fortalece al encontrar en ellos una cierta ironía, alcanzada por medio de su colaboración mutua, una que jamás hubiera sido posible de no ser por las puertas que se abren gracias a la plataforma artística. La obra, titulada Tímpanos (2008) del artista hondureño Adán Vallecillo, posa una contradicción: es tan clara y a la vez tan ambigua que se me hace complicado hablar de ella. La entiendo, porque se me presenta viva y comunicativa, pero si quisiera explicarla (y hasta cierto punto matar su misterio) me vería en una maraña de conceptos innecesarios, una jerga teórica y académica que francamente, muy a pesar de mi educación y contexto, no me interesa referenciar en lo más mínimo.

Adán Vallecillo, Tímpanos, 2008. Cortesía TEOR/éTica

Cada mañana cuando me le acerco, la interiorizo y me pertenece. Es quizás mi pieza favorita en toda la colección; en general la obra de Vallecillo me parece de las producciones más finas y atinadas de la región centroamericana y el arte contemporáneo en general. Pero lo que me atrae de Tímpanos es que me ha prestado su secreto, me ha susurrado el movimiento marino que se guardó en ella y fenomenológicamente se me ha transferido. Riéndome de los tecnicismos académicos, comienzo el día de trabajo en el museo sabiendo que la historia y la teoría no me pudieron jamás haber enseñado lo que ese encuentro diario me regala.

Diciembre, 2011

sábado, 8 de octubre de 2011

De DesnuDOS, Desnudez y DesnuDARSE



A raíz de eventos recientes, personales y ajenos, se me hace obligatorio un comentario al desnudo.

Nunca deja de llamar la atención la atención que atrae el cuerpo, especialmente si este se conjuga en femenino. Material físico, viscoso, presente, voluptuoso; sus componentes son parte de un ente paralelo que compartimos, una demostración táctil de humanidad, empleando dicha palabra como adjetivo, no como sustantivo, pues es un atributo de nuestra existencia.


Y aún se insiste en censurarlo...


En mis andares visualizo el desnudo de manera cotidiana, en las Venus griegas, en cuadros de Boticelli, en las pristinas Madonnas Lactans, en las Olympias confrontadoras, las Carolee Schneeman, Marina Abramovic, Priscilla Monge o Regina Galindo de nuestra época. Ya en el arte un cuerpo no escandaliza, se mueve entre la necesidad expresiva y el cliché sensacionalista. ¿Será ese reflejo en cuerpos ajenos (muchos cuerpos, muchos distintos) lo que me acomodó la comodidad de ser asimilada primero como carne y piel para quien se aproxime antes de ser mente y razón? Pues un desnudo, el mío o el ajeno, no se convierte en secreto ni misterio, simplemente ES... Es esa desnudez.


Seamos “creativos” (sarcasmo implícito) y agreguémosle entonces una capa de sexualidad al material. Pues si bien un cuerpo no es escándalo, DOS juntos ya es lujuria... ni qué decir de tres. Y entonces, a una imagen el erotismo se le multiplica, o inclusive se le adiciona sin importar cual fuera su intención comunicativa inicial, cuando Otro la hace propia. Entonces (quizás) el cuerpo de quien se comparte por razón del arte se ve mutilado, condenado a convertirse en posesión sexual de una mirada inmadura, entrenada bajo la tutela conservadora de la ignorancia. Se borran las distinciones que crea el contexto y termina archivada dicha imagen, cualquiera que sea, en el mismo registro de la pornografía o la obscenidad. Por consecuente la desnudez se convierte en barbaridad, aún cuando desnuDOS hemos estado o estaremos todos.


Lo que se obvia es el hecho de que el deseo es independiente de la intención. Dar el cuerpo es sincerarse, no entregarse, ya sea al descubierto o en mantas, pues pertenece a quien lo tenga no a quien lo quiera; lo comparte quien lo cargue no quien lo reciba momentáneamente. DesnuDARSE es difuminarse, diluir mi componente material con el de mis colegas para darles a entender que debajo de todo material que nos cubre existe uno que es propio y es ajeno simultáneamente, pues es algo que se comparte. Es articular en un gesto físico las palabras “este cuerpo es mío y escojo utilizarlo por motivos que sobrepasan el pudor.”

martes, 29 de marzo de 2011

Configurando Nuevas Acciones: El Arte como Ente Educativo




Invitación a leer un artículo que escribí para la Revista Surco.
Ideas extraídas de la tesis que actualmente consume mis días
(y anteriormente consumió mis meses).

miércoles, 2 de marzo de 2011

Resonancia

And thou art dead, as young and fair
As aught of mortal birth;
And form so soft, and charms so rare,
Too soon return'd to Earth!
Though Earth receiv'd them in her bed,
And o'er the spot the crowd may tread
In carelessness or mirth,
There is an eye which could not brook
A moment on that grave to look.


I will not ask where thou liest low,
Nor gaze upon the spot;
There flowers or weeds at will may grow,
So I behold them not:
It is enough for me to prove
That what I lov'd, and long must love,
Like common earth can rot;
To me there needs no stone to tell,
'T is Nothing that I lov'd so well.


Yet did I love thee to the last
As fervently as thou,
Who didst not change through all the past,
And canst not alter now.
The love where Death has set his seal,
Nor age can chill, nor rival steal,
Nor falsehood disavow:
And, what were worse, thou canst not see
Or wrong, or change, or fault in me.


The better days of life were ours;
The worst can be but mine:
The sun that cheers, the storm that lowers,
Shall never more be thine.
The silence of that dreamless sleep
I envy now too much to weep;
Nor need I to repine
That all those charms have pass'd away,
I might have watch'd through long decay.


The flower in ripen'd bloom unmatch'd
Must fall the earliest prey;
Though by no hand untimely snatch'd,
The leaves must drop away:
And yet it were a greater grief
To watch it withering, leaf by leaf,
Than see it pluck'd to-day;
Since earthly eye but ill can bear
To trace the change to foul from fair.


I know not if I could have borne
To see thy beauties fade;
The night that follow'd such a morn
Had worn a deeper shade:
Thy day without a cloud hath pass'd,
And thou wert lovely to the last,
Extinguish'd, not decay'd;
As stars that shoot along the sky
Shine brightest as they fall from high.


As once I wept, if I could weep,
My tears might well be shed,
To think I was not near to keep
One vigil o'er thy bed;
To gaze, how fondly! on thy face,
To fold thee in a faint embrace,
Uphold thy drooping head;
And show that love, however vain,
Nor thou nor I can feel again.


Yet how much less it were to gain,
Though thou hast left me free,
The loveliest things that still remain,
Than thus remember thee!
The all of thine that cannot die
Through dark and dread Eternity
Returns again to me,
And more thy buried love endears
Than aught except its living year

And Thou Art Dead, As Young and Fair - Lord Byron

miércoles, 16 de febrero de 2011

Preámbulo a un Cortejo: On How to Unsuccesfully Avoid a Temptress


Rarely do I express my english thoughts for my Español vocabulary flows in a more natural way, allowing the stream of consciousness to dispense of such trivialities as translation. Yet the language I speak now is but a testimony to the multicultural presence within. So it is that my worldly experience cannot do justice to what the body carries, to what the tongue might profess. After the experience of a stimulus nothing more is left but the desire to somehow shape into words the testimony of the world’s presence in me.


I have been to Madrid, Barcelona, Roma... spend my hours in London's Harrods and strolled down Firenze, Venezia and Paris. I was rocked in the Amsterdam canals and walked Frankfurt as if seen from a distant window to the past, one tainted by the modern aesthetic. I was fortunate to see a different Habana from what is sold in the media, and proved its presence in Miami. I was charmed by the southern warmth in Atlanta and am thankful of being able to have called Savannah home. I learned to appreciate Panamá city with all its contradictions and rivalries. Furthermore, I adore my San José as undoubtedly not many Costaricans do, unwilling to give in to the third world claims its streets attest to and instead appreciating the cultural richness found in them.


Yet somehow She, the restless city, always creeps in, finding shelter within my body just as it itself inhabits her, the tempting mistress and her lures. It must have been an affair that began in the first decade of my life and has consumed and driven me ever since, my strength unable to fight her charm even with the knowledge that such relationship can only be doomed. Longing for a more original land to call home, one not coveted by so many before me, the conflict grows as I walk her streets, from Madison to Broadway, Columbus to 5th, feeling entitled to call them my own I do not even heed the distances. The sound of my firm steps confirms my presence, owning the concrete as much as it owns me.


I cannot, however, help feel betrayed. Forced to share her with many other suitors, past present and future, I am reluctant and completely unwilling to call her mine. The courtesan in our palace, this love/hate relationship is bound to eventually break us all, reason why I am wary of giving in to such temptation.


Sensorially overloaded and sensibly shocked to awareness, my mental state recognizes the raw material her sounds and sights provide. It is not this physical embodiment that entices me nonetheless. It is its challenges and oddities, as if a secret kept for years is waiting to test my capacities. Thus, by subduing her I am essentially overcoming my weakness, my ignorance. So it is that I come to her ever so often on a pilgrimage to visit the bride to be.


The teaser that is New York, that innocent troublemaker, keeps me away, unsuccessfully I will add, for as much as I have tried to leave this love behind fourteen years in waiting cannot simply be ignored. It is the eternal duel between reason and emotion that fuels this affair. My mind resists, due to it's pragmatic nature and sensibility; but my entire self, nevertheless, still longs for what I might discover along its streets, for what I have already tasted but would like to have more of.


And so it is that leaving her is always painful, and the hopes of seeing her again feel like an obscure pessimism relying on what she may hold in the future. One never knows with a naughty girl... she has you wrapped around her fingers, but there's only so much love can take.